Hijo nacido en primavera



Celia Irina González Álvarez



Las historias de devastaciones vegetales y humanas para la producción de materias, ideologías, poder y control han convivido en una misma época: la del plantanoceno y el antroponoceno  

Donna Haraway 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      

Aunque son muchos los eventos trascendentes aun pendientes de análisis para pensarnos cívicamente en Cuba, quiero hablar aquí, específicamente, de la experiencia de mi madre como psicóloga infantil en un centro de reeducación para menores durante el Festival de la Juventud y los Estudiantes de 1978. Este acontecimiento en particular, seleccionado entre tantos otros de los que ella y su generación fueron parte, guiará la reflexión sobre la insistente tarea de apartar para homogenizar, en una depuración ideológica sostenida por el Partido Comunista de Cuba.

Han pasado 42 años de aquel festival y seguramente el testimonio de mi madre no es el más intenso ni su papel en aquellos acontecimientos el más relevante. Sin embargo, me interesa por dos razones principalmente. Primero, por su capacidad reflexiva: después de muchas décadas se ha dado el permiso de revisar que pasó y qué significa ahora en su vida y en la vida social del país su tarea en aquel reclusorio. Segundo, porque es un evento que implicó niños y jóvenes de ambos lados, los celebrados en el Festival y los acuartelados en el centro de reeducación, se trataba de una acción dirigida a la futura población adulta. Y es el futuro la mayor razón para invertir energía en reflexionar sobre acontecimientos del pasado que no habíamos tenido el permiso de conocer ¿Cómo pensar en un futuro nacional sin apurarnos a convertir en historia a la historia, es decir, dejarla ser pasado sin esa obligación estatal que nos emplaza en un punto fijo en el tiempo?

En enero de 2018 entrevisté a mi madre interesada en su experiencia como investigadora nacional de la Sección de Menores de la Dirección General de la Policía entre 1977 y 1986. Esporádicamente, ella comenzaba a contarme más sobre aquella parte de su vida de la que antes había hablado muy poco. En principio su testimonio me pareció poco incisivo, quería encontrarme con una ex-militante que atacara al sistema. Encontré a una ex-militante pero también a una psicóloga infantil efectivamente preocupada y crítica sobre cómo se habían hecho las cosas, al mismo tiempo que presentaba la complejidad del asunto cuando se trata de evitar que la población infantil llegara a cometer delitos. Una tarea problemática en cualquier contexto, que en el caso de Cuba estaba atravesada, además, por un proyecto de homogenización ideológica según los preceptos del Partido Comunista.

Cuando yo me gradúo empiezo a trabajar como especialista nacional, en ese momento había una sección, así se llamaba, Sección de Menores, dentro de la Dirección General de la Policía. Era una sección donde trabajábamos 6 o 7 personas, la mayoría éramos psicólogos. Había una sensibilidad hacia el problema del delito de menores más desde la psicología, es decir, trabajábamos más desde lo psicológico, desde lo pedagógico que desde el derecho. A nivel de cada provincia estaba creado un equipo, por ejemplo, en La Habana estaba el Centro de Evaluación, Análisis y Orientación de Menores. A ese lugar iban los muchachos que cometían delitos graves, podía ser robo con fuerza, robo con violencia, pocos había, pero podía ser un homicidio.[1]

En 1978, en ocasión del Festival de la Juventud y Los Estudiantes, fueron recogidos y recluidos, en centros de reeducación, niños y adolescentes de ambos sexos con "riesgo de conducta antisocial" para evitar su presencia y posible contacto con los jóvenes invitados al festival. Mi madre fue movilizada para dar servicio en un centro en donde habían sido recluidas las niñas y las adolescentes. Durante dos meses durmió, comió y convivió con ellas, teniendo permiso para salir durante 24 horas cada semana.  "Las muchachas todas fueron para Mulgoa, habían ciento y pico de muchachas en La Habana, se recluyeron para que no se mezclaran con la gente del Festival de la Juventud y los Estudiantes." Eran menores de edad que no habían cometido delitos que los obligaran a permanecer recluidos pero que estaban identificados como personas que presentaban "conductas predelictivas."

I.

El deshije es la técnica que permite seleccionar, para producción, al hijo más adecuado eliminando los restantes. Con esta operación se pretende disminuir la competencia de nutrientes, agua y luz mediante la eliminación de los hijos no apropiados y, como consecuencia, obtener el máximo rendimiento del hijo seleccionado. De la labor de deshije depende la producción continua de racimos de plátanos de buena calidad.

 

Durante el Festival de La Juventud y los Estudiantes de 1978 fue aprobada la ley número 16: Código para la Niñez y la Juventud, con el principal objetivo de "promover la formación de la personalidad comunista en la joven generación" (1978, 2). Este código aprobado al mismo tiempo que aquel grupo de niños y adolescentes eran recluidos, indicaba los atributos a perseguir y fomentar en la población infantil y juvenil del país.

La formación comunista de la joven generación es una preciada aspiración del Estado, la familia, los educadores, las organizaciones políticas, sociales y de masas que actúan constantemente para que en el propio quehacer de la construcción socialista, surjan y se desarrollen en los niños y jóvenes, los valores ideológicos del comunismo y los atributos y cualidades que les permitan cumplir su papel como herederos, activos participantes y continuadores de la obra revolucionaria. (Ibíd.)

El Código para la Niñez y la Juventud legislaba la moral socialista convirtiéndola en norma de obligatorio cumplimiento no solo para las instituciones educativas sino también, para la familia, en un intento de total control de la futura población adulta. La moral socialista era, primero, una aspiración del Estado, es decir, implicaba una meta común, responsabilidad de un colectivo y no del individuo. En el propio código son mencionadas las organizaciones a las que debían pertenecer los niños y jóvenes para que la "formación de la personalidad comunista" en sus diferentes etapas fuera efectiva: para los niños la Organización de Pioneros José Martí - OPJM, para los adolescentes La Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media - FEEM, para los jóvenes La Federación Estudiantil Universitaria - FEU y la Unión de Jóvenes Comunistas - UJC, está última encargada de seleccionar para sus filas a aquellos más cercanos al ideal comunista. Además las organizaciones políticas y de masas vigilaban la eficacia del proceso: en el barrio Los Comité de Defensa de la Revolución - CDR, para las mujeres  La Federación de Mujeres Cubanas y para los trabajadores La Central de Trabajadores de Cuba - CTC. Todas, organizaciones que operan en ámbitos específicos de la vida de la población infantil y juvenil como extensión del Estado y sus normas morales:

Las tareas relativas a la política juvenil son parte destacada de la gestión estatal. Los órganos del Estado mantienen las relaciones apropiadas con la Unión de Jóvenes Comunistas, las organizaciones de masas y demás factores sociales vinculados a éstas, a los efectos de lograr una acción coordinada en el desarrollo de la juventud y la niñez. (1978, 17)

Por otra parte, el artículo 114 del mismo código legisla la posición frente a la población infantil que debe ser reformada: "El Estado se esfuerza por brindar una especial atención a los menores que manifiestan conductas delictivas o predelictivas, mediante centros de reeducación. Dichas instituciones les brinda a estos menores una atención integral, a fin de lograr su reincorporación a la vida social." (Ibíd.)

En este código la población infantil y juvenil es dividida en dos grupos. Por  un lado, la juventud avanzada organizada por la Unión de Jóvenes Comunistas, descrita en el artículo 107 como: "eslabón importante en el proceso ininterrumpido de desarrollo de las promociones comunistas" y por otro, aquellos definidos en el artículo 114 bajo la categoría de "menores que manifiestan conductas delictivas o predelictivas". La pertenencia a un grupo u otro es definida por la disposición y capacidad para seguir normas morales dictadas por la militancia comunista. Cometer un delito no solo convertía al sujeto en un delincuente sino que en un "antisocial", en alguien que atentaba contra el proyecto revolucionario, en el caso infantil en un "menor". La moral era definida por la posición social del sujeto frente a la Revolución.

Aquí el paradigma moral seguido por el Estado no es cultural, por ejemplo, como en el caso de México -un país con un proyecto nacional postrevolucionario con una fuerte presencia del Estado- en su ardua tarea de homogenización cultural, el llamado "problema del indio"[2]. En el caso de Cuba, el paradigma moral homogeneizador de la población es social, según los lineamientos del partido de vanguardia Marxista-Leninista, el comunismo en su versión autoritaria. En el Código de la Niñez y la Infancia, la alteridad radical es, por tanto, el "antisocial", aquel que no sigue las normas morales del Estado. Y es también, el "antisocial", quien funciona por oposición para definir a la juventud de vanguardia, el nosotros. En potencia toda población juvenil es transformable por el colectivo en población ideal. Es por tanto responsabilidad del colectivo reeducar y normalizar a niños y adolescentes dentro de los códigos del Estado.

II.

El deshijado con barreta consiste en dar uno o dos cortes en profundidad al hijo para separarlo completamente de la planta madre. La ventaja que presenta este método es que es definitivo, evitando la aparición de rebrotes. Sin embargo, tiene inconvenientes como heridas y debilitamiento.

 

Revisando su experiencia mi madre recordó, en particular, a una de las adolescentes recluidas durante al Festival de la Juventud y los Estudiantes, le decían Lucía Pilotaje. Lucía decidió brincar la cerca del reclusorio de Boyeros y salir corriendo a la avenida principal mientras el resto del grupo la alentaba gritando su nombre. Las guardias que cuidaban a las niñas y adolescentes, incluyendo a mi madre, sintieron miedo de que todas las demás siguieran a Lucía y se encerraron en el comedor a esperar a que la regresarán. Finalmente, Lucía regresó sola al reclusorio un rato después de su escapada. Mi madre recuerda la anécdota de Lucía porque para ella representa una muestra de la vulnerabilidad del sistema a la vez que de su nobleza. Hace énfasis en que Lucía pudo salir con tanta facilidad por las condiciones de poca seguridad del lugar, lo cual denotaba confianza en las reclusas:

Lucía Pilotaje armó una y salió corriendo, brincó la cerca perle, imagínate que alta sería que Lucía Pilotaje la pudo cruzar, una cerca que además, no tenía alambres de púa como en cualquier prisión. Ella la cruzó, salió corriendo hasta la calzada de Boyeros y cuando llegó ahí se dio cuenta de que ella allí no iba a hacer nada regresó corriendo y se volvió a meter dentro del centro de reeducación. Y ahí no hubo una represión de armas largas, ni nada. Lo único que se nos ocurrió fue meter a todo el mundo en el comedor y sentarnos todas ahí.

Mi madre encontraba en el sistema buenas intenciones, la de reformar, no la de maltratar y la reacción ante el atrevimiento de Lucía Pilotaje era un ejemplo de ello. Sin embargo, Lucía casi logró el incumplimiento por parte de las guardias, de la orden de reclusión de esta población durante el festival y eso sí fue corregido.

Que se hacía en ese caso, Lucía para la celda, ahí es donde entraba la celda! Como castigo se aislaba a Lucía para que no se convirtiera en líder del grupo aquel y estábamos al rededor de Lucía, pero Lucía en esa celda tenía que comer. Ella se pasaba tres o cuatro días metida en la celda y después la sacábamos. Entonces, la celda era de castigo, que eso, yo creo, que ya no existe pero evidentemente era un fallo. Yo creo que eso no era lo que había que hacer con Lucía.

Lucía Pilotaje tenía que ser corregida y sus compañeras a través de ella, debían comprender su lugar social en aquel momento específico y ese era la reclusión. Lucía, por su parte, demostró su capacidad y deseo de ocupar otro lugar aunque no supiera cual y con ello terminó dando la razón al sistema que intentaba convencerla de la inevitabilidad de su situación con una doble acción, represión y acompañamiento.

Hay que recordar aquí que en el caso de este acontecimiento en particular, no me refiero a niños que han sido internados en un centro de reeducación luego de un proceso. La particularidad reside en que eran niños y adolescentes que habían sido recogidos, más que por lo que habían hecho por lo que podrían hacer, para prevenir el fracaso de un evento político internacional que reforzaba la imagen del Estado cubano como una izquierda justa ante el mundo. Sobre todo, se trataba de evitar la mezcla entre la juventud de vanguardia y la juventud antisocial. Porque, repite mi madre: "si todos somos revolucionarios, no pueden haber delincuentes ni marginales, por eso insisten en que hay que separarlos."

 

III.

El deshijado con sacabocado se realiza de la siguiente forma: se introduce al hijo por la apertura del sacabocados, se presiona hasta que se oiga un ruido seco y se tira del mismo, el hijo debe salir con un trozo de rizoma. Se retira al hijo.

 

Para mi madre el fallo no estaba en la acción de recluir sino en la forma de corregir. Su primer argumento es positivo, enfatiza las buenas condiciones que en aquella época tenían los centros de reeducación, se refiere a una buena alimentación y condiciones materiales aceptables y aclara, luego de hablarme de la celda: "No, déjame explicarte eso. Ellos no iban a una celda. Los muchachos estaban alojados en un albergue como una escuela al campo con literas metálicas, habían bastidores y colchonetas de dos plazas, en un albergue que podría tener 20 o 30 muchachos. No, ellos duermen en albergues."

Cuando le señalo, durante la entrevista, que aquellas condiciones materiales de los centros de reclusión que ella describía se parecían a las de una prisión actual, me responde que sí pero que también se parecían a las condiciones de las escuelas en el campo y de las escuelas al campo diseñadas para la enseñanza media en general. Se refería a que hasta el año 2009 no solo los "antisociales" eran recluidos, también los adolescentes que aspiraban a llegar a la universidad debían pasar los tres años del preuniversitarios en una escuela en el campo. Esto implicaba una separación de la familia y sus normas para entrar en el dominio total del sistema educativo estatal. Con esta comparación entre sistema penitenciario y sistema educativo intentaba justificar las buenas intenciones de los centros de reeducación, apelando a una normalización de la reclusión de los adolescentes y de la precaria situación material a la que eran sometidos inevitablemente, becarios de la enseñanza media y menores a ser reeducados[3].

Y tu escuela al campo igual y la escuela en el campo era igual, es más te digo, los muchachos de la escuela en el campo, yo me acuerdo una vez que el jefe de Matanzas me dijo, pero es que los muchachos aquí comen mejor que mis hijos en una escuela en el campo! Los tipos tenían, desayuno, merienda, pan con jamón y yogurt! Almuerzo, arroz, frijoles, carne o pollo. Lo que no tenían los muchachos en el campo porque siempre hubo la preocupación de que fueran a decir que nuestros centros de reeducación fueran un lugar de maltrato.

El segundo argumento de mi madre sobre las formas de corregir en los centros de reeducación es negativo. Se refiere a las acciones conductuales con las que se pretendían reformar a las menores, ante una acción positiva un premio, ante una acción negativa un castigo. Como psicóloga infantil comprendía que era una metodología ineficiente para lograr que las convicciones de los niños y adolescentes fueran transformadas, lo único modificable era su conducta inmediata. El decreto ley 64 "Del sistema para la atención a menores con trastornos de conducta" (1982), por el que se regía la Dirección de Menores, no estipulaba la duración de la sanción, la reclusión de un sujeto era hasta su total reeducación. Esto significaba que mientras fuera menor de edad, el niño o adolescente sancionado dependía de su comportamiento dentro del centro de reeducación para lograr el termino de su reclusión. Ellos lo sabían y aprendían a conducirse según su situación legal:

(...) entonces sancionas, porque es sanción, a un muchacho de 14 años hasta su total reeducación y ese muchacho no sabe cuando va a salir porque ¿Cómo va a ser su reeducación? ¿Hasta cuando es su reeducación? Puede entonces estar dos años en el centro, hasta que tiene la mayoría de edad o puede estar 6 meses. El muchacho que es inteligente se da cuenta y dice: bueno, lo que ellos quieren que yo haga es que yo vaya marchando tranquilo o que yo estudie y aprenda a leer. Es decir, se van aprendiendo una serie de acciones que son aprobadas por esas personas que están ahí, para poder coger un pase o para salir del centro.

Para mi madre las intenciones de la Dirección de Menores, en principio, eran buenas y las condiciones adecuadas pero la metodología incorrecta e ineficiente. Para ella como psicóloga infantil la tarea era distinta a la de la reclusión. Durante la entrevista avanza su reflexión sobre la necesidad de atender a la población infantil, no cuando hubiera cometido un delito sino cuando sus condiciones de vida promovieran estas acciones, la meta era proteger y educar desde la primera infancia, acercarse a la comunidad. "Los sistemas penitenciarios surge para perpetuar el propio sistema, porque un antisocial puede ser un rebelde. Pero mira, Maritza cometió un robo con fuerza con 14 años ¿Qué hacemos con Maritza?" La orden como miembro del MININT era la reclusión de esos menores antisociales, ella comprendía la razones a la vez que se debatía sobre la arbitrariedad y autoridad de la Sección de Menores. Como investigadora nacional de los centros de reeducación vigilaba que el sistema penitenciario fuera compasivo:

En Placeta empezaron a haber mucho hechos de fugas y en Holguín muchos hechos de autoagresión y hubo que estudiar por qué estaba ocurriendo esto y estaba ocurriendo porque había maltratos. Entonces, nosotros investigamos estos hechos pero cuando llegábamos ya había gente que había hecho cosas como tirar agua en una celda y poner electricidad, electricidad de bajo voltaje para que los chiquillos brincaran y reírse de ellos. Imagínate, eso es algo espantoso. Por supuesto que todo el que cometía ese tipo de delito, las personas que hacían eso, había que expulsarlas del sistema y sancionarlas bien fuerte.

Ahora, mientras trabajo en este ensayo le cuento que regresé a la entrevista y que escribo, principalmente, sobre la recogida de niños y adolescentes durante el festival de 1978. Le recuerdo nuestra conversación de hace dos años y vuelvo a preguntarle sobre su posición ante aquel acontecimiento específico: "¿Cómo me sentí durante esta misión? Cumplía con mi deber, no fueron momentos de análisis, simplemente era una orden". Para ella la tarea con aquellas niñas y adolescentes, primero, era mantenerlas en reclusión pero luego también fue acompañar, motivar, crear confianza mutua. No había nada que analizar respecto a la orden, solo era posible hacer bien el trabajo y eso, para mi madre, significaba velar por la calidad mental y física de las niñas y adolescentes recluidas. "Estaba totalmente entregada a esta tarea, sentía que era necesaria y disfrutaba los momentos en que las muchachas se veían contentas. No tenía una postura crítica, era más bien una hazaña que gustosamente asumí como propia de nuestra generación."

IV.

Frecuentemente, aparecen rebrotes de los hijos que ya se han eliminado o dañado por una incorrecta eliminación de los mismos. La mayor o menor presencia de estos hijos depende del tipo de herramienta y la técnica de deshijado utilizada.

 

Yo, nacida en 1985, fui de la Organización de Pioneros José Martí, de la Unión de Jóvenes Comunistas y de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media. Hablo de una experiencia de total control de la niñez y juventud que no ha desaparecido y de la cual fui parte. Hoy con nuevas herramientas teóricas y distancia crítica, juzgo la moral de mi madre. No puedo evitar repetirme que todos hemos sido responsables de algún modo, como afirmó la escritora Svetlana Aleksiévich refiriéndose a los soviéticos "Todos se sentían víctimas, pero nadie se consideraba cómplice" (2013, 13) ¿Pero qué pasa cuando es la familia a la que ponemos en la mira para ser cuestionada? Una generación ya tantas veces puesta en cuestión por el propio Partido Comunista, esos muy jóvenes para vivir con el mérito de haber hecho la Revolución y muy viejos para decidirse por una nueva vida, fuera de los planes del Estado. Ella ya jubilada y en una relación de hastío y dependencia de las instituciones estatales para cualquier proyecto profesional, ha sido cuestionada por colegas más jóvenes por su falta de intransigencia, "por su poco compromiso para construir país" -actual lema estatal-. Esta vez, entre mis demandas y las de aquellos ciudadanos estatalizados, elige colaborar con mi insistencia en reflexionar sobre su participación en aquella recogida de niños y adolescentes de 1978.

¿A donde me conduce ese juicio moral a una joven recién graduada que en el 1978 asumió la autorreclusión por dos meses para cumplir una misión que consideraba loable? Primero, en vez de preguntarme sobre los efectos del control del Estado en la infancia,  decidí acercarme a una situación y a una persona específica con la intención de ayudar a pensar en responsabilidades individuales más que en preguntas generales (Arendt 1999). Segundo, aunque aquí se trata de un contexto histórico muy diferente[4] es posible ubicar a mi madre en esa "zona gris" de la que habla Primo Levi en la que el límite moral entre victima y victimario se desdibuja (Agamben 24, 2005). Específicamente, en el acto de compartir la alegría de los juegos al aire libre junto a las reclusas de 1978, victima y victimario caen en un limbo moral, en una "normalidad cotidiana" durante la cual se confunde el lugar de cada quién. Claro que el lugar de mi madre fue el de victimaria y le persigue esa sensación, le reclama a su esposo cuando en juego le recuerda: "tú también fuiste una esbirrita". Ante esa afirmación busca justificar a sí misma, enfatiza su claridad del mal funcionamiento del sistema, recuerda su insistencia en colaborar con una solución al problema prestando servicio durante décadas a la comunidad infantojuvenil. Al mismo tiempo, es capaz de revisar cómo ella misma fue captada para ser miembro del Ministerio del Interior cuando aún estudiaba en el preuniversitario -luego de que, en 1968, a su padre le expropiaran su cafetería, única fuente económica de la familia y le fuera prohibida la fe católica en la que había crecido-. Sin aminorar responsabilidades ante sus decisiones, es importante pensar que aquella joven, recluida y que recluía a la vez durante los meses del festival, había sido programada para responder a las ordenes del Estado, también a través de actos violentos que ha sido normalizados. Sin embargo, mi madre ha sido capaz de reflexionar sobre las consecuencias de recurrentes acontecimientos como aquella recogida de 1978. "Nuestra sociedad, por su necesidad de homogeneizar ha excluido a sus minorías, sobre todo en momentos considerados de crisis o ha llevado a cabo grandes proyectos inclusivos dentro de un modelo paternalista y asistencialista."

Tercero, se trata de un juicio ético y no de un juicio legal, sus consecuencias, por tanto, son reflexivas (Agamben 2005). Este ensayo no pretende convocar al estrado, aunque son muchos los protagonistas principales pendientes de un juicio legal, creo fundamental atender a Giorgio Agamben cuando afirma que " (...) el derecho no alberga la pretensión de agotar el problema (...) el derecho tiene exclusivamente la celebración del juicio, no el establecimiento de la justicia o de la verdad" (16, 2005). Por tanto, de lo que se trata aquí es de propiciar, con la mirada puesta en una figura menor para la historia, la reubicación afectiva de unos hechos -como el Festival de la juventud y los Estudiantes, en este caso- y el conocimiento de otros que han pasado desapercibidos, siendo de vital importancia para comprender como ha sido constituida la ciudadanía en Cuba bajo el proyecto homogeneizador del Estado.

Revisar y analizar el testimonio de mi madre no ha tenido como intención encontrar situaciones extremas. A diferencia de mi aproximación de hace dos años no iba tras una declaración irrefutable sino de sutiles indicios de la normalización de la violencia a la que hemos sido sometidos como población durante tantas décadas de manera sostenida. Los niños y jóvenes recluidos y los festejados durante el Festival de la Juventud y los Estudiantes de 1978 ya casi son ancianos. Unos habrán formado parte del cuerpo moral homogéneo al que aspiraba el Partido Comunista de Cuba, otros habrán vivo bajo el estigma antisocial dentro del país o se habrán incorporado a un inevitable exilio para restaurar su lugar social. Dos años después, también asumió mi madre la tarea, como psicóloga miembro del Ministerio del Interior, de entregar salidas del país a aquellos ciudadanos considerados lacra social, quizás algunos de aquellos menores, cumplida su mayoría de edad, aprovecharon su ya acuñado expediente para gestionar sus salidas por el puerto del Mariel.

V.

Finales del invierno: se deshijan plantas retrasadas y se eliminan los hijos de fondo. Mediados de primavera: observar el desarrollo de los tetos (brote de un hijo que todavía no se ha desarrollado en altura) y elegir el hijo definitivo en aquellas plantas más retrasadas, eliminando los restantes. Finales de la primavera: elegir el hijo definitivo en las plantas que tienen un desarrollo adecuado.

 

El mismo año de la entrevista a mi madre, buscando información sobre el sistema penitenciario en Cuba, encontré en la Biblioteca Nacional, un folleto de 1964 titulado De inadaptados sociales: a hombres útiles a la patria publicado por el Ministerio del Interior. Más de 10 años antes de la participación de mi madre en aquel evento habían sido descritas las primeras normativas para los centros de reeducación para niños y adolescentes considerados "inadaptados sociales". El paradigma ya había sido establecido. El proyecto de homogenización moral según la ideología marxista-leninista fue efectivo, al menos de manera inmediata. Al cierre el folleto recoge 15 poemas y composiciones escritas por los niños que se encontraban en aquellos primeros centros de reeducación. Gabriel Nicolás de 14 años escribió:

LA JORNADA DE LA INFANCIA

La jornada Socialista de "Los Niños del Mundo"

Unidos todos por la Paz...

que el futuro nos espera,

con la paloma de la dignidad.

Adelante...Niños Socialistas

que esperándote está el trabajo creador

y tenemos que hacer con amor

¡Tu Revolución!...

¡Adelante...Adelante Niños Socialistas!

a derrotar al yanque traidor

que mil veces nos ha amenazado

con su cobardía...con su traición

Pero aquí hay un pueblo cubano que tiene mucho valor

unidos todos los niños

a celebrar con amor y valor

que la Revolución nos trajo el Socialismo

¡Socialismo, Paz y Dignidad!

 

 

Bibliografía:

Agamben, Giorgio. 2005. El archivo y el testimonio. Homo saber III. Valencia: Pretextos

Aleksiévich, Svetlana. 2019. El fin del "Homo sovieticus". Barcelona: Acantilado.

Arendt Hannah. 2009 [1963]. Eichmann en Jerusalén. España: Debolsillo

De inadaptados sociales a hombres útiles a la patria. 1964. Ministerio del Interior. República de Cuba.

J. Haraway, Donna. 2019. Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chthuluceno. Bilbao: Edición Consonni

Ley número 16. Código de la Niñez y la Juventud. 1978. [consultado el 21 de mayo de 2020] www.sipi.siteal.iipe.unesco.org/normativas/90/ley-ndeg-161978-codigo-de-la-ninez-y-la-juventud

Méndez, Clemente y Miguel Rodríguez. 2016. Deshijado de la platanera. Información técnica. Cabildo de Tenerife: Agro Cabildo.

 

 

 



[1] A partir de ahora toda cita a mi madre es tomada de la entrevista realizada por mí el 9 de enero de 2018 en La Habana, Cuba.

[2] Con "problema del indio" los antropólogos indigenistas mexicanos se referían a la tarea de lograr la incorporación e identificación de las comunidades indígenas con el proyecto nacional postrevolucionario. Ver: Caso, Alfonso (1948); Beltrán, Aguirre (1967); Villoro, Luis (1950).

[3] El sistema educativo cubano ubicó a los preuniversitarios en áreas rurales entre 1971 y 2009. Los estudiantes permanecían becados en "La escuela en el campo" durante 3 años, con una jornada diaria de trabajo en el campo y una de estudio. Las salidas para visitar sus casas eran los fines de semana. Por su parte, "La escuela al campo" funcionaba para la secundaria. Cada año los estudiantes debían permanecer en un campamento rural entre 15 y 45 días, para cumplir con una jornada laboral diaria trabajado en cultivos asignados.

[4] Aunque se trata de contextos muy diferentes, las reflexiones sobre el enunciado y la enunciación de los testimonios luego del Holocausto, son una referencias valiosa para pensar en la responsabilidad individual en esta tarea de homogenización moral del Estado en Cuba.